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martes, 5 de febrero de 2013

El sexo... desde una perspectiva cristiana


La actitud de la sociedad hacia el sexo ha oscilado de un extremo al otro. “La persona de la época victoriana, escribe Rollo May, buscaba tener amor sin caer en la relación sexual; la persona moderna busca tener la relación sexual sin caer en el amor”.1 Del punto de vista puritano que consideraba el sexo como un mal necesario para la procreación, hemos arribado a la popular visión del playboy sobre el sexo como una cosa necesaria para la recreación.
Ambos extremos son incorrectos y no están de acuerdo con las intenciones de Dios acerca de las funciones del sexo. El punto de vista negativo crea en los casados sentimientos de culpabilidad acerca de sus relaciones sexuales; el punto de vista permisivo convierte a la gente en robots, comprometiéndose con el sexo sin mucho significado y satisfacción.
¿Cómo deberían, pues, relacionarse los cristianos con el sexo? ¿Qué dice la Biblia acerca de la sexualidad? Como un cristiano que confía en las enseñanzas bíblicas, los siguientes siete principios me han resultado muy útiles para entender cómo deberíamos relacionarnos con el sexo.

Principio 1: La Biblia se refiere a la sexualidad humana en forma positiva.
Empecemos por el principio: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).* Después de cada acto creativo, Dios dijo que “era bueno” (Génesis 1:12, 18, 21, 25), pero después de la creación del ser humano como hombre y mujer, Dios dijo que “era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Esta apreciación divina inicial de la sexualidad humana como “bueno en gran manera” demuestra que las Escrituras consideran la distinción sexual de hombre/mujer como parte de lo bueno y perfecto de la creación original de Dios.
Nota también que la dualidad sexual humana como hombre y mujer está explícitamente relacionada con el hecho de haber sido ambos creados a la imagen de Dios. Como la Escritura distingue al ser humano de otras criaturas, los teólogos generalmente han pensado que la imagen de Dios en la humanidad se refiere a las facultades racionales, morales y espirituales que Dios ha dado al hombre y a la mujer.
Sin embargo, hay otra manera en que podemos entender implícitamente la imagen de Dios, según Génesis 1:27: “A imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”. Por eso la masculinidad y la feminidad humana, reflejan la imagen de Dios en que un hombre y una mujer tienen la capacidad de experimentar la unidad en el compañerismo como el que existe en la Trinidad. El Dios de la revelación bíblica no es un ser solitario simple que vive enaislamiento eterno sino que es un compañerismo de tres seres unidos íntima y misteriosamente y a quien adoramos como un solo Dios. Esta misteriosa unidad en la relación de la Trinidad es reflejada como una imagen divina en la humanidad, en la dualidad sexual de masculinidad y feminidad, unida misteriosamente como “una carne” en el matrimonio.
Principio 2: La relación sexual es un proceso por el cual dos llegan a ser “una carne”.
En Génesis 2:24 se expresa el compañerismo íntimo entre un hombre y una mujer: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. La expresión “una sola carne” se refiere a la unidad total de cuerpo, alma y espíritu entre parejas casadas. Esta unión total puede ser experimentada especialmente por medio de la relación sexual cuando el acto es la expresión de un amor genuino, de respeto y de compromiso.
La frase “serán una sola carne”, expresa la idea de Dios con respecto a la relación sexual en el matrimonio. Nos dice que Dios ve el sexo como un medio por el cual un marido y una esposa pueden alcanzar una nueva unidad. Es digno de notar que la expresión “una carne” nunca se emplea para describir la relación entre un niño con su padre y su madre. Un hombre debe “dejar” a su padre y a su madre para llegar a ser “una carne” con su esposa. Su relación con su esposa es diferente de la relación con sus padres, porque consiste de una nueva unidad consumada en la unión sexual.
Llegar a ser “una sola carne”, también implica que el propósito del acto sexual no es solamente el de procreación (para producir 10 hijos) sino tambiénpsicológico (llenar las necesidades emocionales de consumar una nueva relación de unidad). Esa unidad implica la voluntad de revelar el más íntimo yo físico, emocional e intelectual al otro. En la medida en que llegue a conocerse en la forma más íntima, la pareja experimenta el significado de llegar a ser una sola carne. La relación sexual no asegura automáticamente esta unidad; más bien consuma la intimidad de una reciprocidad perfecta que ya se desarrolló.
Principio 3: El sexo implica conocerse mutuamente en lo más íntimo.
La relación sexual dentro del matrimonio permite a la pareja a conocerse mutuamente de una manera que no puede serlo de ninguna otra forma. Participar en la relación sexual no solamente significa descubrir el cuerpo de uno sino también el interior de uno frente al otro. Por esta razón las Escrituras a menudo describen la relación sexual como “conocer” (ver Génesis 4:1), que es el mismo verbo empleado en hebreo para referirse a conocer a Dios.
Obviamente Adán llegó a conocer a Eva antes de su relación sexual, pero por medio de la relación sexual llegó a conocerla más íntimamente. Un autor cristiano, Dwight H. Small, muy apropiadamente, comenta: “El revelarse ante el otro mediante la relación sexual invita al descubrimiento de sí mismo en todos los niveles de la existencia personal. Esta es una revelación exclusiva única de los integrantes de una pareja. Ellos se conocen a sí mismos más que a cualquier otra persona. Este conocimiento único es equivalente a reclamar al otro como genuina pertenencia. La desnudez y la relación física es un símbolo del hecho de que nada está oculto o sustraído entre ellos”.
El proceso que conduce a la relación sexual es de un aumento de conocimiento mutuo. Desde el encuentro inicial, pasando por la amistad especial, el noviazgo, el matrimonio y la relación sexual, la pareja va logrando un conocimiento mayor de cada uno. La relación sexual representa la culminación de ese concimiento recíproco profundo e íntimo. Como lo dice Elizabeth Achtemeier: “Sentimos como si las más ocultas profundidades internas de nuestra existencia fueran traídas a la superficie y reveladas y ofrecidas a cada uno como la expresión más íntima de nuestro amor”.
Principio 4: La Biblia condena el sexo fuera del matrimonio.
Ya que el sexo representa la más íntima de todas las relaciones interpersonales, el expresar la unidad de “una sola carne” en total compromiso, no puede ser expresada o experimentada en una unión sexual casual donde la interacción es puramente recreativa o comercial. La única experiencia de unión en relaciones tales es la de inmoralidad.
La inmoralidad sexual es seria, porque afecta al individuo más profunda y permanentemente que cualquier otro pecado. Como lo dice Pablo: “Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18). Algunos podrían decir que también la glotonería y las borracheras afectan a la persona por dentro. Sin embargo, estos no tienen los mismos efectos permanentes sobre la personalidad como los que produce el pecado sexual.
La indulgencia en el comer o beber puede ser superada, las cosas robadas pueden ser devueltas, uno puede retractarse de las mentiras y reemplazarlas por la verdad, pero el acto sexual, una vez cometido con otra persona, no puede deshacerse. Ha ocurrido un cambio radical en la relación personal de la pareja involucrada que no podrá deshacerse nunca. Esto no significa que el pecado sexual es imperdonable. Las Escrituras nos dan la seguridad por medio del ejemplo y del precepto de que si confesamos nuestros pecados, el Señor es leal y justo para perdonarnos todos nuestros pecados y “limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Cuando David se arrepintió de su doble pecado de adulterio y asesinato, Dios lo perdonó (ver Salmos 51 y 32).
Principio 5: El sexo sin compromiso reduce a una persona al nivel de una cosa.
Las relaciones sexuales fuera del matrimonio no asumen responsabilidad. Las relaciones casuales de este tipo destruyen la integridad de la persona al reducir al nivel de un objeto de gratificación personal. A veces, algunas personas que se sienten heridas y usadas después de una relación sexual, se sustraen definitivamente de toda actividad sexual por temor de ser usadas nuevamente, o tienden a usar su cuerpo egoístamente, sin ninguna consideración por los sentimientos del otro componente de la pareja.
 En cualquier caso, la sexualidad de uno queda distorsionada porque él o ella han destruido la posibilidad de emplearla para relacionarse genuina e íntimamente con la persona que aman. No debiera usarse la relación sexual con el objeto de meramente divertirse en una ocasión y como forma de expresar amor genuino y compromiso con otro compañero o compañera en otra ocasión. La perspectiva bíblica de unidad, intimidad y amor genuino no puede consumarse practicando el sexo fuera del matrimonio o practicándolo con múltiples compañeros. Las parejas comprometidas probablemente dirán que están compartiendo un amor genuino cuando se activan sexualmente antes del matrimonio.
Desde una perspectiva cristiana, una pareja comprometida para casarse debe respetarse mutuamente y mirará el compromiso como un tiempo de preparación para el matrimonio, y no como si fuera ya un matrimonio. Hasta que no se tomen los votos matrimoniales, existirá la posibilidad de romper con la relación. Si una pareja ha tenido relaciones sexuales premaritales, ha comprometido su relación y cualquier disolución subsecuente dejará cicatrices emocionales permanentes. Sólo cuando un hombre y una mujer tienen la voluntad de llegar a ser uno, no sólo verbal sino legalmente, asumiendo también responsabilidad por el compañero, es cuando pueden sellar su relación por medio de la relación sexual. En ningún otro campo la moral cristiana ha sido más atacada que en el vasto ámbito de la sexualidad fuera del matrimonio.
Lamentablemente, aunque la condenación bíblica de los actos sexuales ilícitos es muy clara, es ignorada por la introducción y el uso de “términos suaves” o eufemismos. Por ejemplo, muchos se refieren a la fornicación como “sexo premarital”, acentuando el “pre” en vez de acentuar el “marital”. Al adulterio se lo define como “sexo extramarital” y no como un pecado en contra de la ley moral de Dios. Se suaviza la homosexualidad separándola de las serias perversiones mediante expresiones que van de la “desviación” a la “variación homosexual”. Más y más cristianos caen en el engañoso razonamiento de que “si es amor, está bien”. Se reclama que si un hombre y una mujer están profunda y genuinamente enamorados, tienen el derecho de expresar su amor por medio de la unión sexual sin casamiento. Algunos alegan que el sexo premarital libera a la gente de sus inhibiciones morales, dándoles una sensación de libertad emocional. La verdad es que el sexo premarital añade presión emocional, porque reduce el amor sexual a un nivel puramente físico sin el compromiso que tienen dos personas casadas.
Principio 6: El sexo sirve tanto para la procreación como para la relación.
Hasta principios de nuestro siglo, los cristianos generalmente creían que la función primaria de la relación sexual era el de la procreación. Otras consideraciones concernientes a la unidad de la pareja, la relación y el placer, eran consideradas secundarias. Pero ese orden fue invertido en el transcurso del siglo XX. Desde un punto de vista bíblico, la actividad sexual dentro del matrimonio tiene que ver no sólo con la reproducción sino también con la relación personal. Como cristianos, debemos recuperar y mantener el equilibrio bíblico entre estas dos funciones del sexo. La relación sexual es un acto placentero de perfecto intercambio que engendra un sentido de unión, al mismo tiempo que ofrece la posibilidad de traer una nueva vida a este mundo. Debemos reconocer que el sexo es una dádiva divina que puede ser disfrutada legítimamente dentro de los vínculos matrimoniales. Pablo urge a los esposos y a las esposas a consumar sus responsabilidades matrimoniales juntos, porque sus cuerpos no les pertenecen a ellos solamente, sino al otro. Por esa razón, ninguno debe privar al otro de esta relación, a excepción de que haya mutuo consentimiento por un determinado período de tiempo, para dedicarse a la oración. Entonces deben llegarse de nuevo el uno al otro, para no ser tentados por Satanás, por falta de control propio (1 Corintios 7:2-5; ver también Hebreos 13:4).
Principio 7: El sexo capacita al hombre y a la mujer a reflejar la imagen de Dios en una actividad creativa.
De acuerdo con la enseñanza bíblica, el sexo no solamente engendra una misteriosa unidad del espíritu, sino que también ofrece la posibilidad de traer hijos a este mundo. “Fructificad y multiplicaos”, dice el mandamiento del Génesis (Génesis 1:28). Por supuesto, no todas las parejas tienen la capacidad o la justificación de tener hijos. La vejez, la infertilidad y las enfermedades genéticas son algunos de los factores que tornan imposible, o no aconsejable, que se tenga hijos. Sin embargo, para la gran mayoría de las parejas, el tener hijos es parte normal de su vida matrimonial. Esto no significa que todo acto de unión sexual debería terminar en una concepción. David Phypers escribe que “no estamos hechos para separar el sexo de la procreación y aquellos que lo hacen en forma radical y definitiva, meramente por razones personales, se quedan cortos con respecto a los propósitos de Dios en sus vidas y corren el peligro de que sus matrimonios y su actividad sexual se conviertan en autogratificantes. Solamente mirarán hacia adentro para su satisfacción propia, en vez de mirar hacia afuera, hacia la experiencia creativa de traer una nueva vida al mundo y nutrirla hasta la madurez”.
La procreación como parte de la sexualidad humana levanta una gran controversia sobre la contracepción. ¿Significa acaso el mandamiento de fructificar y multiplicarnos, que debemos dejar el asunto de la planeación familiar a la misericordia de Dios? La Biblia no contiene ninguna experiencia explícita sobre el asunto. Creo que la relación sexual es tanto relacional como procreacional.
El hecho de que la función del sexo en el matrimonio no es solamente para producir hijos, sino también para expresar y experimentar el amor mutuo y la dedicación, implica la necesidad de ciertas limitaciones sobre la función reproductiva del sexo. Es decir, la función relacional del sexo, puede solamente permanecer como una experiencia dinámica viable, si su función reproductora es controlada. Esto nos lleva a otra pregunta: ¿Tenemos derecho de interferir con el ciclo reproductivo establecido por Dios? La respuesta histórica de la Iglesia Católica ha sido un rotundo “¡NO!” Sin embargo, la posición católica tradicional ha sido templada por el Papa Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae (Julio 29, 1968), en la cual reconoce la moralidad de la unión sexual entre marido y mujer, inclusive en la no dirigida hacia la procreación de hijos.5 Es más, la encíclica, al mismo tiempo que condena los contraceptivos artificiales, permite los métodos naturales de control de la natalidad como el conocido “método del ritmo”, el cual consiste en confinar la relación sexual a los períodos no fértiles del ciclo menstrual de la esposa.
La intención de la encíclica Humanae Vitae de distinguir entre los contraceptivos “artificiales” y “naturales”, considerando el primero inmoral y el último moral sugiere en sí mismo un sentido artificial. En cualquier caso, es la inteligencia humana la que previene la fertilización del huevo. Es más, rechazar como inmoral el uso de contraceptivos artificiales, puede conducir al rechazo como conducta inmoral, del uso de cualquier vacuna artificial, hormona, o medicación que no es producida naturalmente por el cuerpo humano. David Phypers escribe: “Como la mayoría de las invenciones humanas, la contracepción es moralmente neutral: lo que cuenta es lo que hacemos con ella. Si la usamos para practicar el sexo fuera del matrimonio, o en forma egoísta dentro del matrimonio, o si por medio de ella invadimos la vida privada de otros matrimonios, podríamos efectivamente estar desobedeciendo la voluntad de Dios y distorsionar la relación matrimonial.
Sin embargo, si la empleamos con el propio respeto por la salud y el bienestar de nuestro cónyuge y nuestras familias, entonces puede elevar y fortalecer nuestros matrimonios. Por medio de los contraceptivos podemos proteger nuestro matrimonio de las tensiones físicas, emocionales, económicas y psicológicas que pueden producirse por embarazos frecuentes, y al mismo tiempo podemos usar el acto del matrimonio en forma reverente y amorosa, como fue la intención original, para una unión permanente”.6
Conclusión
La sexualidad humana es parte de la hermosa creación de Dios. No hay nada pecaminoso en ella. Sin embargo, como todas las buenas dádivas de Dios para los seres humanos, la relación sexual ha llegado a formar parte del perverso plan de Satanás para alejar a la humanidad de las intenciones de Dios.
En la relación del hombre y la mujer que se acercan para llegar a ser “una sola carne”, la función del sexo es unificadora y procreadora. Cuando se viola esa relación, cuando el sexo ocurre fuera de la relación matrimonial, sea premarital o extramarital, violamos el séptimo mandamiento. Eso es pecado, un pecado en contra de Dios, en contra de la otra parte y en contra del cuerpo de uno mismo.
Pero la Biblia no nos deja sin esperanza. Nos presenta la gracia de Dios y el poder para reponernos de todo pecado que nos acosa, inclusive el sexual. A pesar de que el pecado sexual deja una cicatriz en la conciencia, y le produce dolor a la otra persona, el verdadero arrepentimiento puede abrir la puerta al perdón de Dios. No hay pecado, por grande que sea, que la gracia de Dios no pueda sanar y restaurar.
Todo lo que tenemos que hacer es asirnos de esa gracia, porque ella nos capacita a utilizar el potencial que Dios ha puesto en nosotros. Lo cual se aplica también al sexo. En una época permisiva en la cual prevalecen la promiscuidad sexual y la licencia, es imperativo que reafirmemos como cristianos nuestro cometido al punto de vista bíblico respecto al sexo como una dádiva divina para ser gozada solamente dentro del matrimonio.

Fuente: jovenes-cristianos

viernes, 4 de mayo de 2012

Como ser un Cristiano Saludable


Imagine que existen los médicos "espirituales". Imagine que estos médicos, en vez de recoger síntomas físicos en su cuerpo para detectar enfermedades, recogen sus síntomas espirituales para evaluar su salud espiritual.
Este podría considerarlo con un test o una consulta medica que se realiza con el propósito de definir nuestro nivel de salud, muchas veces recibimos la terrible noticia que estamos enfermos, algunas otras que gozamos de buena salud.
¿Esta preparado para comenzar la consulta?
UN CRISTIANO SALUDABLE
  1. Es aquel que habla con Dios diariamente (Mateo 26:41)
  2. Vela en todo tiempo ante las acechanzas del enemigo
  3. Mantiene un ritmo constante de oración
Un cristiano saludable es reflejado a través de la oración, en primer lugar es importante notar que el deseo de buscar a Dios ya muestra un buen estado saludable, y en segundo lugar, buscarle en oración define el estado de salud, podríamos decir entonces que cuando un Cristiano esta saludable, desea orar y lo hace y se mantiene velando en todo tiempo, conciente que si deja de orar podría ser dañado con un flechazo del enemigo y esto dañaría su salud,  nadie que recibe un flechazo puede considerarse como sano, pero el cristiano saludable que habla con Dios diariamente mantiene un ritmo adecuado de oración, no significa que no tenga que hacer nada mas que orar, sino que ha comprendido que la oración es parte de su dieta alimenticia y si no hace uso de ella su salud va decreciendo.
 Mantente alerta viviendo sanamente y solo lo lograras si la oración es parte de tu diario vivir, no solo en tus tiempos de comida, lo cual hasta algunos olvidan, sino en todo tiempo una actitud de oración. P
uedes orar cuando  vas en el coche, puedes orar cuando estas trabajando no necesariamente de rodillas todo el tiempo, pero buena salud es también apartar un tiempo en la intimidad con Dios, donde puedas doblar tus rodillas y humillarte ante nuestro Dios.

UN CRISTIANO SALUDABLE
Es aquel que escudriña la palabra de Dios (Juan 5:39)
  1.  
    1. Porque comprende que en ella hay vida
    2. Porque en ella se testifica de Cristo
    3. Y Cristo es el camino la verdad y La Vida

La salud del cristiano es notable cuando le ha dado importancia a el estudio de la palabra de Dios, no una simple forma de lectura, sino un estudio profundo y constante.
La buena salud se logra por constancia, es decir siempre se mantiene estudiando la palabra, aprendiendo de ella, compartiéndola y haciéndola propia.
Si nos enteráramos que determinada planta nos ayudaría a vivir mas años sobre la tierra, todos corrieran por encontrar esa planta y vivir para siempre sobre la tierra, entonces como no nosotros sabiendo que no como farsa sino como verdad la Biblia nos habla de vida eterna, vamos a desperdiciar este regalo maravilloso.
 El cristiano saludable que escudriña la palabra de Dios ha comprendido que en la Biblia hay vida y alguien que vive es porque goza de salud.
También el cristiano saludable que escudriña la palabra ha descubierto que el testimonio del amor de Dios y su entrega a través de su único hijo, se encuentra en las páginas de la Biblia. Quien que este enamorado no quiere oír diariamente que le aman, y la palabra de Dios nos habla cada día testificando del amor de Dios y su entrega por la humanidad, descifrando que la vida se encuentra en Cristo. 

UN CRISTIANO SALUDABLE
Es aquel teme a Dios  (Proverbios 3:7-8)
  1. Y se aparta del mal
  2. Y encuentra sanidad en Él
  3. Y se recrea en El
  4. Disfruta el temer a Dios
La salud del cristiano es reflejada también a través de nuestra actitud, una persona que hace lo que se le antoja no esta reflejando buena salud espiritual, pero el cristiano saludable es aquel que teme a Dios,  que no quiere fallarle, que solo busca agradarle, que literalmente y contundentemente se aparta del mal.
Si antes le gustaba el placer de la bebida alcohólica, hoy se goza tomándose un vaso de agua pura y no le es molestia.
El cristiano saludable reconoce que en el temor de Dios esta la sanidad del alma, el hombre nace podrido y destruido, pero viene Cristo y nos da sanidad y nos limpia y el temor a Dios nos encamina día a día a un mejor estilo de vida, y ese estilo de vida va enfocado a disfrutar realmente esta forma de vida.
 Muchos piensan que como cristianos vivimos amargados, nunca sonreímos, cuando realmente la alegría eterna esta en Cristo, solo cuando conoces a Dios y su amor y a su hijo y su entrega y al Espíritu Santo tu consolador, entonces empieza disfrutar honrar a Dios y temerle no por quedar bien con Dios solamente el cual es una razón, sino también porque es beneficio para cada uno de nosotros.

UN CRISTIANO SALUDABLE
Es aquel que honra a Dios con su cuerpo
  1. Porque comprende que no le pertenece
  2. Porque comprende que Cristo pago el precio
  3. Porque glorifica a Dios con su físico
 El lastimar nuestro cuerpo puede significar la muerte, y cuando hablamos de honrar a Dios con nuestro cuerpo tenemos que comprender que este cuerpo ya no nos pertenece por tanto debemos cuidarlo.
Cuando alguien nos presta algo que quiere mucho, tratamos en todo lo posible de no dañarlo porque sabemos que no es nuestro. Lo mismo es en nuestro cuerpo, el cristiano saludable ha comprendido que su cuerpo no le pertenece por tanto debe cuidarlo, pero también ha comprendido que para que hoy pudiera vivir, tuvo que haber pasado por un proceso de libertad, hubo alguien que pago el precio para que hoy yo tenga vida, Cristo pago el precio.
El cristiano saludable sabe lo que Cristo hizo y en agradecimiento honra a Dios con su cuerpo, y no solamente eso, sino que también glorifica a Dios con su físico, es decir no permite que se dañe porque sabe que no es propio, no peca contra su propio cuerpo, porque esto dañaría su relación con Dios, no abusa de su cuerpo, lo cual muchos hacen, dándole mucho esfuerzo físico sin compensar con vitaminas lo que se pierde, si amas a Dios y le temes y valoras lo que Cristo hizo, valoraras tu cuerpo, no harás nada para dañarlo.
Esto significa también que el cuerpo físico cuente con salud, no es agradable estar enfermo, nada agradable es estar sufriendo un dolor físico, muchos de estos males se hubieran evitado, si hubiéramos nosotros considerado algunas cosas que podrían dañar.
Hoy es tiempo de reflexionar que si Dios nos regaló este cuerpo tenemos que honrar a Dios con nuestro cuerpo.
Autor: Only Castañeda
Fuente: jovenes-cristianos

jueves, 15 de marzo de 2012

La Salud y la Palabra de Dios


Cuando hoy se hace referencia a la Biblia, muchas personas mal informadas la dejan a un lado de inmediato como si no mereciera su atención.
Rehúsan abrir sus mentes y admitir que hace miles de años decía lo que el hombre moderno ha aprendido recientemente o todavía le queda por aprender. Esto es cierto referente a los sucesos mundiales, el gobierno, la astronomía, el medio ambiente, la historia natural, la fisiología o la psicología.
Sucede lo mismo con las enfermedades.
LA BIBLIA es un libro de vida. Ningún otro texto o colección literaria tiene una aplicación tan amplia a tantos aspectos de la vida. La buena salud se relaciona con la vida, así que no debería sorprendernos que la Biblia contenga principios referidos precisamente a la salud.
Menciona varias enfermedades, como la lepra, las hemorroides, la hidropesía y las enfermedades estomacales. (Deuteronomio 24:8; 28:27; Lucas 14:2; 1 Timoteo 5:23.)
Si bien la Biblia no se escribió con el propósito principal de instruirnos sobre las enfermedades físicas, la información que proporciona es científicamente exacta y es útil repasarla.
El cuerpo humano era algo sorprendente para el salmista de la antigüedad, que escribió sobre él: “Porque tú [el Creador] produjiste mis riñones; me tuviste cubierto en resguardo en el vientre de mi madre. Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma. Mis huesos no estuvieron escondidos de ti cuando fui hecho en secreto, cuando fui tejido en las partes más bajas de la tierra. Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu libro todas sus partes estaban escritas, respecto a los días en que fueron formadas y todavía no había una entre ellas”. (Salmo 139:13-16.)
Aunque el embrión está protegido en la oscuridad de la matriz, el Creador lo ve formarse y ve cómo crecen los huesos. Para él, “lo mismo daría que la oscuridad fuera luz” (versículo 12). Nada está escondido del Creador. En términos médicos, el embrión está protegido de la madre por la placenta, y por eso el organismo no lo rechaza como si se tratara de un cuerpo extraño. Sin embargo, este salmo no expresa un principio médico, sino espiritual, a saber, que el Creador lo ve todo, incluso en la oscuridad de la matriz.
‘Todas las partes de nuestro cuerpo están escritas’ en el código genético del cigoto fertilizado en el útero materno desde la concepción. Además, el momento en que se formará cada una de ellas según un orden prescrito viene determinado por los muchos relojes biológicos programados en los genes.
El salmista David no conocía todos los detalles científicos, pero el Hacedor, quien le inspiró la escritura de este salmo, sí los conocía, pues ha sido el Creador del hombre. Los críticos de la Biblia niegan la autoría de David, pero hasta ellos tienen que fechar la escritura de los salmos siglos antes de Cristo.

La Biblia enfatiza la prevención
Cuando se repasan las leyes que Dios dio a Moisés quince siglos antes de Cristo, se aprecia la importancia fundamental que la Ley confirió a la prevención en el cuidado de la salud.
Por ejemplo, Deuteronomio 23:13 dice: “Y debes tener disponible una estaca junto con tus útiles, y tiene que suceder que cuando te agaches fuera, entonces tienes que cavar un hoyo con ella y volverte y cubrir tu excremento”. Esta norma sobre cómo eliminar los desechos fecales era una medida preventiva muy avanzada que los protegía de enfermedades que pueden transmitirse mediante las moscas, como la salmonelosis, la shigelosis, fiebres tifoideas y muchos otros tipos de disenterías, que todavía se cobran miles de vidas en lugares donde no se toman estas medidas.
El capítulo 11 de Levítico hace patente que las enfermedades pueden transmitirse mediante insectos, roedores y, lo que es más importante, agua contaminada. Esto confirma indirectamente el principio de que los microorganismos son los causantes de las enfermedades, y demuestra que la Biblia se adelantó milenios a los descubrimientos de científicos como Leeuwenhoek (1683) o Pasteur (siglo XIX). Lo mismo podría decirse de la cuarentena, prescrita en el capítulo 13 de Levítico para los casos de lepra.
Las prohibiciones dietéticas que se registran en Levítico 11:13-20 incluyen a predadores, como, por ejemplo, las águilas, las águilas pescadoras, los búhos y las rapaces, como el cuervo y el buitre.
Estos animales están en el nivel superior de la cadena alimentaria, por lo que concentran gran cantidad de toxinas. Los animales que se encuentran en los niveles inferiores de esta cadena ingieren las toxinas en dosis insignificantes, mientras que los de los niveles superiores las acumulan en dosis concentradas. La ley mosaica permitía comer algunos animales vegetarianos que no pertenecían a una cadena alimentaria que concentrase toxinas.
Algunas carnes prohibidas albergaban parásitos enquistados, como los causantes de la triquinosis.
La prohibición bíblica del uso inadecuado de la sangre, contenida en varias partes de la ley mosaica, ahora, después de tres mil quinientos años, resulta tener un buen fundamento médico. (Génesis 9:4; Levítico 3:17; 7:26; 17:10-16; 19:26; Deuteronomio 12:16; 15:23.) Esta restricción se repite en las Escrituras Griegas Cristianas en Hechos 15:20, 29 y 21:25.
La medicina intenta reducir al mínimo o eliminar por completo el uso de sangre donada en la diálisis del riñón, las bombas pulmón-corazón y la cirugía general. Las muchas formas de hepatitis, el SIDA, la infección por citomegalovirus y miles de enfermedades transmitidas por la sangre constituyen advertencias siniestras para los sabios mundanos que rechazan las normas divinas.
El ejercicio es vital para la buena salud, y la Biblia reconoce sus beneficios.
La práctica de veinte minutos de ejercicio activo por lo menos tres veces a la semana puede reducir el riesgo de enfermedades cardiacas y circulatorias. Incrementa la forma protectora HDL del colesterol, mejora el nivel energético y aumenta la flexibilidad y la sensación de bienestar. Aunque la Biblia reconoce el valor del ejercicio, lo coloca en un lugar secundario con respecto a algo más importante, el cultivo de la espiritualidad: “Porque el entrenamiento corporal es provechoso para poco; pero la devoción piadosa es provechosa para todas las cosas, puesto que encierra promesa de la vida de ahora y de la que ha de venir”. (1 Timoteo 4:8.)
Las leyes morales de la Biblia son una protección básica contra las enfermedades de transmisión sexual, que sin duda ya existían entonces, aunque no se habían identificado o quizás los científicos ni siquiera sospecharon de su existencia durante siglos. (Éxodo 20:14; Romanos 1:26, 27; 1 Corintios 6:9, 18; Gálatas 5:19.)

Reconocida durante muchos siglos
Hipócrates fue un médico griego que vivió en los siglos V y IV antes de Cristo al que se ha llegado a conocer como el “padre de la medicina”, pero unos mil años antes Moisés escribió gran parte de lo que la Biblia dice sobre las enfermedades. Sin embargo, es significativo que una carta de un médico publicada en la revista The AMA News decía: “Los mejores investigadores médicos que se ocupan ahora de los trabajos más interesantes llegan a la conclusión de que la Biblia es un libro científico muy exacto. [...] Los hechos biológicos, el diagnóstico, el tratamiento y la medicina preventiva según se presentan en la Biblia son mucho más avanzados y confiables que las teorías de Hipócrates, muchas de las cuales todavía no se han probado y algunas son claramente inexactas”.
El doctor A. Rendle Short destaca en su libro The Bible and Modern Medicine (La Biblia y la medicina moderna) que las leyes sanitarias de los pueblos vecinos de Israel eran muy elementales, si es que acaso existían, y a continuación añade: “Lo más sorprendente es que en un libro como la Biblia, que no se tiene por científico, aparezca un código sanitario, y es igualmente sorprendente que una nación que acababa de salir de la esclavitud, a la que sus enemigos habían atacado repetidamente y que había ido al cautiverio más de una vez, tuviera un código sanitario en su conjunto de leyes tan sabias y razonables”.

Problemas psicosomáticos
La Biblia ha resultado estar adelantada a su tiempo en cuestiones médicas al reconocer la importancia del componente psicosomático de algunas enfermedades mucho antes de que esta idea se aceptase normalmente en la medicina. Además, la explicación bíblica del papel de la mente en la manifestación de las enfermedades físicas sigue siendo un modelo de entendimiento claro. Proverbios 17:22 afirma: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un espíritu que está herido seca los huesos”. Aquí no se emite ningún juicio crítico, solo se constata un hecho. No se aconseja a la persona afligida que se anime, como si eso fuera tan simple.
Una actitud positiva puede ayudar; la preocupación es algo negativo y perjudicial. “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo regocija.” (Proverbios 12:25.) Merece la pena meditar sobre Proverbios capítulo 18, versículo 14: “El espíritu de un hombre puede soportar su dolencia; pero en cuanto al espíritu herido, ¿quién puede aguantarlo?”. El texto sugiere que la capacidad de una persona para aguantar un cierto grado de enfermedad física podría incrementarse si buscase el apoyo de su fuerza espiritual.
El psiquiatra James T. Fisher declaró lo siguiente sobre el valor psicológico del Sermón del Monte de Jesús: “Si hubiera que hacer un resumen completo de todos los artículos de peso escritos por los psicólogos y psiquiatras más cualificados en el tema de la higiene mental -si se combinaran y refinaran y se eliminara el exceso de palabrería-; si se cogiera lo esencial y dejáramos a un lado la paja, y si tomáramos todas estas joyas del conocimiento científico puro para que el más hábil de los poetas las expresara de forma concisa, tendríamos una versión pobre e incompleta del Sermón del Monte. Y perdería muchísimo en la comparación”. (A Few Buttons Missing, página 273.)
Los sentimientos psicosomáticos pueden influir en nuestro estado físico, pero esto en sí mismo no significa que no haya una enfermedad física real. Por lo tanto, es importante que en primer lugar se intente atender las necesidades físicas y como mínimo reconocer la enfermedad, mientras que al mismo tiempo se fomenta una actitud mental y espiritual positiva, que ayudará a la persona a aguantar. Esto cobra una importancia especial cuando quizás no haya disponible un tratamiento definitivo para la enfermedad en este sistema de cosas.
Tras el pecado de Adán, la muerte llegó a ser una realidad genética inevitable para todos los humanos. (Romanos 5:12.) Por lo tanto, normalmente no sería apropiado atribuir la enfermedad específica de un individuo a su estado espiritual. Es importante tener en cuenta este hecho al tratar a personas enfermas que se encuentran en un estado emocional débil.

El papel del médico
¿Cómo deberían ver los cristianos a los médicos y la medicina actuales? Cuando se examina la Biblia, no se halla base para poner a los médicos en un pedestal o para pensar que la tecnología médica es la única esperanza de obtener buena salud. Más bien, hay pruebas de lo contrario. Marcos nos refiere el caso de “una mujer que padecía flujo de sangre” desde hacía muchos años, a la que “muchos médicos le habían hecho pasar muchas penas, y ella había gastado todos sus recursos y no se había beneficiado, sino que, al contrario, había empeorado”. (Marcos 5:25-29.) Aunque este trastorno tan frecuente suele tratarse satisfactoriamente hoy día, muchas enfermedades todavía no tienen cura, y constantemente se descubren un gran número de enfermedades nuevas para las que se carece de tratamiento.
Sin embargo, la Biblia no apoya la postura opuesta adoptada por los que creen que la práctica tradicional de la medicina tiene poco o ningún valor. Algunos bajan al médico del pedestal para ponerse ellos mismos o para colocar cualquier otro remedio que no sea médico y que quizás esté de moda. Cuando en Colosenses 4:14 se llama a Lucas el médico “amado”, no hay duda de que se alude a sus aptitudes espirituales más bien que a sus habilidades médicas. Sin embargo, el privilegio de que disfrutó al escribir bajo inspiración parte de las Sagradas Escrituras no se le hubiera otorgado a alguien cuya práctica médica fuera poco ética o contraria a la Biblia.
Algunos datos sugieren que Lucas practicaba medicina moderna para su época, pues utilizó terminología y descripciones médicas que sugieren la influencia de Hipócrates. Cierto es que Hipócrates no acertó siempre, pero intentó introducir la lógica en la práctica médica y denunció la superstición y las teorías médicas pseudo religiosas. Además, la sencilla ilustración de Jesús registrada en Lucas 5:31 -”los que están sanos no necesitan médico, pero los que se hallan mal sí”- hubiera tenido poco valor si no se aceptase que los médicos de la época podían curar hasta cierto grado las enfermedades.
No hay base bíblica para adoptar el punto de vista extremado de condenar el uso de antibióticos, antisépticos o analgésicos cuando sean necesarios. Jeremías 46:11 y 51:8 hablan de un bálsamo de Galaad, que quizás tenía propiedades analgésicas, así como valor antiséptico. No hay una posición bíblica o doctrinal contra tomar medicinas.
Sin embargo, las cantidades masivas de antibióticos no han podido acabar con la exposición continua a enfermedades contagiosas que portan las moscas, los mosquitos y los caracoles, la principal causa de muerte en todo el mundo.
Los profesionales de la salud han tenido que retroceder en sus planteamientos y comenzar por los principios bíblicos fundamentales relacionados con la eliminación de los excrementos, la protección de los suministros de agua, el control de los insectos portadores y el tomar precauciones en los contactos con otras personas y de las manos con la boca.
Hace bastante poco, en la década de los setenta, se advirtió a los médicos y las enfermeras mediante carteles en los lavabos y sobre las camas de los pacientes: “Lavarse las manos”, el factor más importante para impedir que se propague la enfermedad.

Unas palabras de advertencia
Las personas que dan consejos sobre la salud -sean médicos, quiroprácticos, homeópatas o amigos bien intencionados, pero posiblemente mal informados- afrontan una responsabilidad importante cuando aconsejan a cualquiera sobre su mala salud.
Esto es así en particular si el consejo que dan es peligroso o evita, retrasa o tiene prejuicio en contra de asistencia que con frecuencia ha sido efectiva.
En la Biblia se aconseja claramente a los médicos y a los que acuden a ellos que eviten la magia y el espiritismo en lo que pudiera ser una búsqueda personal desesperada de ayuda. Recuerde Proverbios 14:15: “Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra, pero el sagaz considera sus pasos”.
¿Son prácticos para conservar la salud hoy los principios que enuncia la Biblia? Al igual que el objetivo principal de la ley mosaica era la prevención, del mismo modo las medidas preventivas hoy han resultado ser mucho más útiles que las que se centran únicamente en el tratamiento de la enfermedad. La lección que subyace tras el intento de la Organización Mundial de la Salud por llevar a efecto tratamiento sanitario moderno en los países subdesarrollados es este: “Es mejor prevenir que curar”.
En suma, un cristiano debe tener un punto de vista respetuoso y previsor respecto a la salud con la meta de usarla de la mejor manera para la gloria de Dios y el adelanto de la gozosa obra del Reino. Y la promesa que se cumplirá bajo este Reino será: “Ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’”. (Isaías 33:24.)


Fuente: jovenes-cristianos

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